viernes, 29 de junio de 2012


"Era todavía demasiado joven para saber que la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y que gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado". Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera (Capítulo III)

"Los débiles no entrarán jamás en el reino del amor, que es un reino inclemente y mezquino, y que las mujeres sólo se entregan a los hombres de ánimo resuelto, porque les infunden la seguridad que tanto ansían para enfrentarse a la vida". Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera.


“Sólo se educa desde el corazón, sólo se cuida, lo que nos pertenece por herencia y por conciencia.”

60% DE FÍSICA HAMBRE


60% DE FÍSICA HAMBRE

Por JAIME ANDRÉS JARAMILLO B. | Publicado el 29 de junio de 2012
El pasado domingo que salí a montar en bicicleta, siendo casi las 7 de la mañana, por poco me tropiezo con un indigente que escarbaba impaciente dentro de una bolsa negra llena de basura. De allí sacaba una suerte de alimento, que luego se llevaba a la boca con ambas manos, de manera salvaje.

Conmovido, di gracias a Dios por todo lo que tengo y que escasamente valoro, y elevé una oración por quienes se encuentran en situación de calle. Escenas como esta, por crudas que parezcan, dejaron de sorprendernos y hacen parte de nuestra cotidianidad, hasta el punto donde rayan el repudio y la indolencia.

Estoy seguro, amigos lectores, que ustedes cuando tienen hambre o les ataca la gula, lo resuelven abriendo sus neveras o sacando plata de sus bolsillos para comprar algo de comer. Pero hay testimonios de familias que se la rebuscan para prepararse una sopa de hueso (servida en periódicos o cartones), el mismo que pueden hacer rendir para tres, cuatro y hasta cinco días. Casos menos extremos pero igual de preocupantes hay en cantidad, donde miles de personas tienen que sortear su día, con la potencia que les proporciona una sola comida.

Un estudio reciente de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia, revela el grave problema de seguridad alimentaria que vive nuestra ciudad: el 60% de la población tiene hambre. Me cuesta creerlo, entre otras, porque antepongo mi bienestar al de los demás y fácilmente olvido la ciudad que yace oculta tras la opulencia, la competencia, el consumo desmedido, el egocentrismo y la falta de humildad.

La lectura de dicho informe, aunque no es igual para todas las comunas, evidencia que la inequidad es el pan de cada día. Mientras en El Poblado la inseguridad alimentaria es del 2%, en Manrique alcanza el 80%.

Entiendo que el hambre obedece principalmente a la falta de oportunidades, sobre todo, de esas 16 mil personas desplazadas que llegan cada año a la ciudad, y de tantas otras miles que sobreviven del subempleo y del rebusque, donde muchas, cansadas de luchar, caen rendidas a engrosar los crecientes cinturones de miseria.

Aunque el hambre también es producto de una inadecuada dieta o de trastornos psicosociales, abogo aquí por las personas que padecen de física necesidad, que se levantan con el anhelo de comer dignamente y no pueden hacerlo porque no tienen con qué.

Ciega, sorda y muda, ante tal desamparo, la Administración de esta "tacita de plata" está enfocada en resolver la seguridad y la movilidad, permitiendo que estas penurias, iguales o peores de graves, se "atiendan" desde la intuición; es decir, sin estrategia y sin recursos, a un costo social altísimo.

Para atacar el problema, escuché una idea interesante del concejal Miguel Andrés Quintero Calle : sacar provecho de las zonas rurales de la ciudad y sus corregimientos, e implementar proyectos sostenibles y productivos que permitan que a esas personas les llegue un sustento mínimo de alimento. Tristemente es solo una idea. El infierno está lleno de buenas intenciones.

Lograr cambios al respecto, requiere del compromiso indeclinable de actores privados, públicos, del tercer sector y desde luego de civiles. Admiración y reconocimiento para los Aguapaneleros de la Noche.

UTOPÍA


ENTRE LAS PALABRAS TE BUSCO
Y NO TE ENCUENTRO.
TE HALLO REFUGIADO EN EL SILENCIO
DE TU SOLEDAD Y TU EXISTENICA.

ESRES LA CARICIA
QUE EL VIENTO SE LLEVÓ
DE MIS MANOS
Y JAMÁS LA RETORNÓ A MÍ
PARA ABRAZARLA CON MIS BESOS Y  
Y MIS ILUSIONES.

ERES LA BÚSQUEDA DE LO QUE JAMÁS
SERÁ MÍO
DE LA UTOPÍA
DEL MILAGRO
DEL IMPOSIBLE
QUE BUSCA EN LA SOMBRA
EL ABRAZO DEL AMADO
QUE LEJOS HUYE
CORRE
Y MUERE
ANTE CADA MINUTO QUE LA VIDA ME ARREBATA
NUNCA SERÁS MÍO
NUNCA SERÉ TUYA
PORQUE ASÍ LO HAS QUERIDO.

NUNCA TU CORAZÓN LATIRÁ JUNTO AL MÍO
POR QUE TU SANGRE CORRE POR OTRAS VENAS
POR OTROS SUEÑOS
POR OTROS CAMINOS
Y QUE PROPIAMENTE NO ES EL MÍO.

ERAS EL REFUGIO PASAJERO
DE UN CORAZÓN CONFUNDIDO
QUE HECHO PEDACITOS
QUERÍA RECONSTRUIRSE
EN CADA ABRAZO EN CADA SONRISA EN CADA ILUSIÓN SOÑADA A TU LADO.

ERAS LA TERNURA QUE A RECLAMADA  QUE MORÍA
ANTE CADA PASO QUE TE ALEJABA DE MÍ.

ERAS LA CONFUSIÓN,
 EL CAOS DE MI MENTE QUE NO ME RECONOCÍA
EN UN NUEVO MUNDO CREADO POR TI.

MUNDO QUE SE ACABÓ
CUANDO ME MIRASTE Y FRIAMENTE
ME DIJISTE, ADIOS.
http://www.youtube.com/watch?v=I9cCPQVPv8o

miércoles, 13 de julio de 2011

CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA





El hombre es una cosa vana, variable y ondeante...
MONTAIGNE











Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar.
Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.
Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútiles monedas tasando el Bien y el Mal.
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
(¡niñez en el crepúsculo! ¡Lagunas de zafir!)
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.
Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.
Mas hay también ¡Oh Tierra! un día... un día... un día...
en que levamos anclas para jamás volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables
¡un día en que ya nadie nos puede retener!

Porfirio Barba Jacob

LA SILLA VACÍA

Todos miraban la silla vacía, la que a gritos reclamaba la presencia de su dueño. No era difícil adivinar que le había ocurrido a Juan.
Una semana antes, su maestro de ingles lo había sorprendido jugando con sus compañeros de clase en el salón tirando papeles arrugados como pelotas de beisbol y aviones que transportaban el mensaje de… ¡Rompamos la monotonía del silencio! Para los demás compañeros de clase no había problema, pero para Juan sí, porque él era el niño problema de la clase, que aunque repitente, poco llenaba las expectativas de los maestros del curso.
Ese mismo día, martes a la sexta hora, donde el cansancio y el hambre se apoderaban de los chicos del colegio, luego de un día de oír una y otra vez las mismas voces de los maestros quienes repetían el discurso que todos los años daban al grado 8B y que para Juan era difícil hallar algo nuevo. Esto era lo que él sentía cada vez que sus maestros se retiraban uno a uno de las clases con 8B.
-¡Saquen el cuaderno, escriban y hagan silencio!- Era la frase persistente de cada maestro al entrar al salón de clases. Y ni que decir la frase tan temida por todos, en una semana será el examen de todo lo visto, siempre con un tono que anunciaba el desastre total.
-Hagan cincuenta ejercicios y cuidadito con hacer trampa- decía el profesor Eduardo, el más temido por todos por ser el profesor “cuchilla” del colegio.
-Estos jóvenes de hoy en día no quieren nada- agregaba el maestro. A lo que Juan añadía en su voz interior
-Más bien que le pasara al maestro Eduardo, que no ha cambiado en nada. Todo es igual, hace nueve años. Bueno, hace ocho años, porque de pequeño en preescolar podía jugar, reír y construir castillos de arena en el Viejo parquecito de mi escuela. Recuerdo a mi maestra Raquel, ella era alegre. Me abrazaba cuando el recuerdo de mi madre ausente venia a mi memoria, seguido de un llanto desolador. Quizás era en ese momento cuando ella se detenía a mirar mis manitos con moretones los que me anunciaban otro golpiza de papa. Desde que mama murió todo era dolor y tristeza, pero ella, mi maestra Raquel, me hacia olvidar un poco mi desolación.
Por eso Juan se seguía preguntando, por que los demás maestros no eran como ella, como su profesora Raquel.
-Han pasado ocho años y todo sigue igual con papa y los maestros.-Era la idea que le daba vueltas una y otra vez. Ummm! Pero lo peor está por venir.
Y dicho y hecho. Juan fue llevado ese martes a la sexta hora a coordinación, para ser juzgado y sentenciado de una vez y para siempre. Por fin ya no volvería a ser la tortura de sus maestros. Aunque lo peor era saber que no estaría más en el colegio con su amigo Pipe. Él era el hermano que nunca había tenido. Era su amigo del alma con quien aprendió el valor de la amistad, un día en que la maestra los dejo sin recreo.
-Eso es injusto! Porque Juan no estaba haciendo indisciplina.- Alegaba Pipe, pero de nada valía, porque los maestros solo entendían que Juan era el chico problema de la clase de 8B.
Esto era lo último que recordaría Juan en su paso por la escuela. Su profe Raquel y la mirada de Pipe que le decía:
- Sabes que tienes un inmenso valor, aunque los demás nunca lo sabrán.
Juan miro el horizonte. Sabía que lo único que le quedaba era la soledad de la calle, lugar de donde jamás volvió.